Los trastornos psicológicos internalizados fueron definidos como la presencia de un elevado nivel de estrés psicológico y/o tendencia al suicidio. El estrés psicológico fue evaluado mediante un índice que mide la ocurrencia de síntomas asociados con la depresión, la ansiedad, la agresividad reactiva y los trastornos cognitivos.

Los trastornos psicológicos externalizados incluyen 2 indicadores: trastornos de la conducta (agresiones físicas, crueldad con los animales, daño a la propiedad privada, robo o fraude y grave violación de la ley) y actitudes desafiantes.

El abuso de sustancias se definió como el consumo de marihuana, hachís, cocaína, disolventes, alucinógenos, fármacos no prescritos por el médico y otras drogas ilegales.

El consumo de alcohol se definió como: nunca, una vez al mes o menos y más de una vez al mes. Los resultados fueron los siguientes: los 4 indicadores de desajuste psicológico/social del adolescente se relacionaban significativamente con la ruptura familiar. La asociación entre la ruptura familiar y los trastornos psicológicos internalizados del adolescente estaba en relación con el estrés psicológico de los padres y el escaso apoyo emocional de éstos.

De modo independiente, el hecho de ser testigo de la violencia entre los padres se asociaba fuertemente con los trastornos psicológicos internalizados del adolescente.

La conclusión es que las intervenciones sobre la familia rota (renegociando y redefiniendo los límites de la familia separada, en la cual el adolescente debe reconocer la legitimidad de los padres, y cuyo objetivo último es restablecer un equilibrio entre amor y autoridad de ambos en relación con sus hijos) y las medidas sociales de apoyo al adolescente, son acciones complementarias.